agosto 6, 2010 1

Lluvia

By in General

Desde siempre, la lluvia se ha visto identificada con las lágrimas, con el llanto. Es muy común pensar en un día lluvioso como un día triste, en el que Dios, sus ángeles, o cualquier ente superior y etereo derrama su tristeza sobre nosotros. Hoy esta lloviendo. Y me niego a resignarme a la visión de este día como un día que vaya a ser triste, por mucho que no empiece de la mejor de las maneras. No lo clasificaré como tal hasta que acabe y pueda hacer balance de lo que en el haya sucedido.

Por otra parte, ¿de dónde viene la convención de que un día lluvioso sea un día triste? ¿Alguien tiene alguna idea? Esta muy clara y es muy obvia la indentificación de la lluvia con lágrimas. No obstante son gotas de líquido transparente que caen. ¿Pero de verdad no hay nada más? ¿Se queda ahí la cosa? Si solo fuera por esta similitud, podríamos rebatirla con cualquier otro argumento, como por ejemplo el de la asimilación de lluvia y lágrimas propio de una lluvia de estrellas. ¿Quién no ha oído hablar de las lágrimas de San Lorenzo? Un espectáculo digno del más sensible amante del arte o de la naturaleza, que consigue asombrarnos una y otra vez.

Entonces bien. No encuentro el sentido a resignarse. A simplemente aceptar que va a ser un triste día más, que pasará a la historia como algo que hubiera sido mejor no haber sucedido. No. En estos últimos tiempos he aprendido que hasta en las condiciones más adversas, se puede ser tremendamente feliz, y que en las condiciones más propicias, se puede estar profundamente triste. Así que hoy es simplemente un día lluvioso. Un día en el que disfrutar de el fresco que entra por la ventana, del sonido que producen sus gotas al chocar y romper contra el suelo, y, por qué no, de dejarse llevar por la melancolía y el recuerdo de la evocación de momentos pasados, y por la agradable bruma que provoca la imaginación de posibles momentos futuros.

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One Response to “Lluvia”

  1. Carmen dice:

    En nuestras ciudades (Málaga y Valencia) los días de sol invitan a salir a la calle. Parece que si quedas en casa, estás cometiendo un pecado o desaprovechando una oportunidad. Por eso, el día que llueve me da mucha alegría, porque sé que me puedo quedar en casa tranquila leyendo un libro sin que nadie me llame y me diga “¿Te vas a quedar en casa metida?” y piense que estoy mal de la cabeza. Creo que unos de los mayores placeres que hay es escuchar la lluvia mientras estas calentito en la cama y sabes que no tienes obligación de despertarte.

    Así pues, coincido que los días de lluvía son días felices.

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